
viernes, 27 de noviembre de 2009
SER CATOLICO

Ser católico es un punto más a considerar, para los que ya pusieron pie en dos picos de la montaña y les falta llegar a la cima, que es precisamente el Catolicismo.Y es que el Cristianismo desgraciadamente no está unido. La Historia da testimonio de la Unidad de la Iglesia Cristiana, desde sus inicios y durante la caída del Imperio Romano, pasando por la Alta Edad Media. Pero justo en el siglo en el que empezaron las Cruzadas, en el siglo XI, el Mundo Cristiano, que abarcaba casi toda Europa, parte del Oriente Medio y del norte africano, se dividió en 2 iglesias, casi iguales: La Iglesia Católica Romana y la Iglesia Ortodoxa Oriental. Más tarde, en el siglo XVI, Martín Lutero introdujo también una cuña que empezó a desintegrar rápidamente el cristianismo europeo. Sectas y grupos protestantes empezaron a surgir por todos lados, como consecuencia de la Reforma Luterana, y rápidamente aparecían entre ellos creencias distintas, a veces contrapuestas, y la Cristiandad pasó por un periodo muy agitado, pero la Contrarreforma Católica -sobre todo a través de los jesuitas y el Concilio de Trento- logró mantener viva a la Iglesia Católica Romana, que por su parte crecía en América, Asia y Oceanía.Y el Protestantismo, aunque mantiene ciertos parámetros generales, es diferente en sus denominaciones, y no hay entre ellos una Confesión de Fe aceptada por todos, ni siquiera la Confesión de Augsburgo que redactara Melanchton. Peor aún: el Protestantismo ha sido padre de sectas anti-sociales, como los Testigos de Jehová, politeístas como los Mormones, y políticas como la "Iglesia Luz del Mundo".Pese a que el cristianismo abarca tanto a católicos como protestantes, por el Credo Básico que todavía comparten, resulta deplorable constatar que entre los más pertinaces anticatólicos están precisamente, algunos apologistas protestantes. A mí me ha tocado presenciar intercambios, en las que había ateos que llegaban a manifestar respeto y reconocimiento a hechos históricos logrados por la Iglesia Católica, mientras que algunos protestantes echaban pestes incluso de eso.
PedidosSe los invoca por diversos motivos: cura de enfermos; protección a los viajeros, ganados y cosechas; recuperar objetos perdidos, conseguir o conservar el trabajo; pagar deudas e hipotecas y encontrar novio. Existen santos populares a los que se recurre para problemas específicos, por ejemplo el taxista Nicolás Caputo, quien fue asesinado en 1939 mientras iba a cumplir una promesa a la Difunta Correa, es "patrono" de taxistas y camioneros. Al Finadito Llampa, un agente de policía extraviado en los cerros del Tafí, se le pide especialmente por los perdidos. Los Angelitos ayudan a los niños en cuestiones de salud y rendimiento escolar.
Manifestaciones del culto
La devoción puede demostrarse a través de ofrendas y de sacrificios. Entre las ofrendas están hacer construir una capilla o monumento, encender velas, celebrarle misas, llevar ropa (del primer hijo o trajes de novia), colocar placas con leyenda de agradecimiento, limosnas, cruces, agradecimientos publicados, fotos de promesantes, banderas, insignias, chapas de autos, muñecas, cigarrillos, maquetas de casas, relojes, joyas de familia, flores, representaciones en metal de miembros y órganos humanos y muchas más.
Entre los sacrificios más frecuentes se practica el ayuno, la peregrinación, largas marchas sobre las rodillas o gateando, rezar novenas y hacer "cadenas" que son cartas (al modo tradicional o por correo electrónico) que al ser recibidas deben hacerse copias y mandarse a otras personas de acuerdo con las instrucciones de la carta inicial. Son todas similares en contenido: "si cumple tendrá mucha suerte...si la corta aumentará su desgracia"
No cumplir la promesa genera dificultades que sólo son superadas en el momento que se hace efectiva. Circulan numerosos relatos de personas ingratas que fueron castigadas por no corresponder a la ayuda obtenida. Si el santo cumple, el promesante debe cumplir.
SANTOS OFICIALES Y SANTOS POPULARES
Para la Iglesia Católica una persona es santa cuando ha alcanzado la gloria y así lo determina una sentencia solemne del Romano Pontífice. Se trata de un largo y minucioso procedimiento exclusivamente reservado a la Santa Sede y que se conoce como canonización. El elemento fundamental para que la Iglesia proceda son los milagros y la Congregación para la Causa de los Santos integrada por Cardenales, Arzobispos, Obispos y numerosos especialistas son los que designarán venerables, beatos y finalmente santos.
Los Santos deben ser hombres y mujeres que, cinco años después de su muerte, permanezcan en la memoria de quienes los conocieron. Son aquellos que, habiendo abrazado la fe cristiana y recibido el bautismo, viven y mueren en Gracia de Dios. Esto implicaría ausencia de pecados mortales, aunque no de pecados veniales e imperfecciones.
En el Vaticano, la Congregación para la Causa de los Santos, integrada por veintitrés miembros de la alta jerarquía eclesiástica, más un promotor de la fe, seis relatores y setenta y un consultores (médicos de distintas especialidades, historiadores y canónicos) deberán estudiar científica y jurídicamente las pruebas sobrenaturales. Si los dos tercios de la Congregación lo avalan (el Papa da la última y definitiva palabra), el candidato se convierte en venerable. De comprobarse un milagro, en beato. Y si se demuestran dos milagros, el candidato es declarado santo.
Un santo es un modelo que Dios le ofrece a los hombres. En nuestro país hay un único santo, ningún beato y la iglesia local tiene 24 causas en marcha. De estos 24 Siervos de Dios, hay seis firmes candidatos: Ceferino Namuncura, la Madre Camila Rolón y el fraile José León Torres (ya declarados venerables); Mamerto Esquiú, el Cura Brochero y el empresario Enrique Shaw.
Pero, por otra parte, existen las canonizaciones populares que Susana Chertudi y Sara Newbery en su libro "La Difunta Correa" (1978) las definen como aquellas que tienen por objeto de culto personas que han sido santificadas por el pueblo, es decir, que en el proceso de canonización no ha intervenido la Iglesia Católica como institución. Félix Coluccio, por su parte, considera que "la religiosidad popular, no siempre respetuosa de la ortodoxia romana, suele canonizar de hecho a personas reales e incluso imaginarias, a las que la tradición oral adjudica la realización de verdaderos milagros. La Iglesia, desde luego, reprobó siempre estos hechos". Pero el problema es complejo, "lo que frecuentemente se designa como superstición es una auténtica manifestación religiosa" (Coluccio 1995).
Para un creyente no existe diferencia entre los santos oficiales de la Iglesia Católica y los canonizados por él mismo. Todas son personas que hacen milagros, que interceden por él, que están cerca de Dios, que reciben ofrendas y a quienes se les hace promesas que hay que cumplir. La devoción se manifiesta de la misma manera: se reza, se toca y se besan las imágenes milagrosas; se realizan peregrinaciones hasta el lugar donde están enterrados los restos, se encienden velas, se llevan flores, se dejan exvotos y se cumplen promesas tales como subir de rodillas las escaleras del lugar sagrado.
La diferencia entre el culto que se rinde a los santos oficiales y a los populares reside que el primero se manifiesta a través de reuniones tanto de tipo espiritual como social como ocurre en la fiesta de San Roque en la ciudad de San José (Catamarca) o para el 8 de diciembre, día de la Virgen, en Fuerte Quemado (Catamarca). La gente abandona su rutina diaria, asiste a Misa, participa de procesiones organizadas y luego acude a la feria donde puede adquirir comidas y bebidas regionales, artesanías, y cantar y bailar hasta el amanecer.
Por su parte, la veneración tributada a los santos populares es más individual que social. Es un culto de promesas, de visitas solitarias al santuario o cementerio donde se encuentra enterrado. En general no presentan demostraciones colectivas organizadas aunque existen días de mayor concurrencia como la fecha de nacimiento o muerte del santo y el Día de Difuntos, y se observa una mayor necesidad de dejar testimonio escrito de los favores recibidos a través de placas de agradecimiento.
Otra diferencia importante es que los Santos oficiales son gente que vivió distante en tiempo y espacio, con costumbres y creencias completamente distintas a quienes ahora los veneran y que rara vez conocen quiénes fueron realmente. Ni su vida ni sus obras ni las circunstancias de su muerte Un ejemplo de esto es que algunos fueron recreados, a veces sólo por sus imágenes y se los designó patrones y protectores sobre determinados elementos. Así en algunos lugares del Noroeste argentino San Antonio, de las llamas y San Ramón, de los burros.
En cambio, las personas canonizadas por el pueblo vivieron dentro de su marco geográfico, descienden de alguna familia del lugar, tuvieron sus mismos problemas, necesidades y angustias; eran como el hombre común pero diferenciándose por una aureola de santidad adquirida por el sufrimiento de una muerte violenta, por una vida sacrificada o por ser una víctima inocente.
Un aspecto importante para resaltar es que, para el creyente, no hay contradicción entre creer en un santo popular y continuar siendo un cristiano practicante. Se puede asistir a Misa, bautizar a sus hijos, confesarse, comulgar y honran a sus santos no oficiales junto a las imágenes de Cristo, la Virgen y los santos de la Iglesia.
Los Santos deben ser hombres y mujeres que, cinco años después de su muerte, permanezcan en la memoria de quienes los conocieron. Son aquellos que, habiendo abrazado la fe cristiana y recibido el bautismo, viven y mueren en Gracia de Dios. Esto implicaría ausencia de pecados mortales, aunque no de pecados veniales e imperfecciones.
En el Vaticano, la Congregación para la Causa de los Santos, integrada por veintitrés miembros de la alta jerarquía eclesiástica, más un promotor de la fe, seis relatores y setenta y un consultores (médicos de distintas especialidades, historiadores y canónicos) deberán estudiar científica y jurídicamente las pruebas sobrenaturales. Si los dos tercios de la Congregación lo avalan (el Papa da la última y definitiva palabra), el candidato se convierte en venerable. De comprobarse un milagro, en beato. Y si se demuestran dos milagros, el candidato es declarado santo.
Un santo es un modelo que Dios le ofrece a los hombres. En nuestro país hay un único santo, ningún beato y la iglesia local tiene 24 causas en marcha. De estos 24 Siervos de Dios, hay seis firmes candidatos: Ceferino Namuncura, la Madre Camila Rolón y el fraile José León Torres (ya declarados venerables); Mamerto Esquiú, el Cura Brochero y el empresario Enrique Shaw.
Pero, por otra parte, existen las canonizaciones populares que Susana Chertudi y Sara Newbery en su libro "La Difunta Correa" (1978) las definen como aquellas que tienen por objeto de culto personas que han sido santificadas por el pueblo, es decir, que en el proceso de canonización no ha intervenido la Iglesia Católica como institución. Félix Coluccio, por su parte, considera que "la religiosidad popular, no siempre respetuosa de la ortodoxia romana, suele canonizar de hecho a personas reales e incluso imaginarias, a las que la tradición oral adjudica la realización de verdaderos milagros. La Iglesia, desde luego, reprobó siempre estos hechos". Pero el problema es complejo, "lo que frecuentemente se designa como superstición es una auténtica manifestación religiosa" (Coluccio 1995).
Para un creyente no existe diferencia entre los santos oficiales de la Iglesia Católica y los canonizados por él mismo. Todas son personas que hacen milagros, que interceden por él, que están cerca de Dios, que reciben ofrendas y a quienes se les hace promesas que hay que cumplir. La devoción se manifiesta de la misma manera: se reza, se toca y se besan las imágenes milagrosas; se realizan peregrinaciones hasta el lugar donde están enterrados los restos, se encienden velas, se llevan flores, se dejan exvotos y se cumplen promesas tales como subir de rodillas las escaleras del lugar sagrado.
La diferencia entre el culto que se rinde a los santos oficiales y a los populares reside que el primero se manifiesta a través de reuniones tanto de tipo espiritual como social como ocurre en la fiesta de San Roque en la ciudad de San José (Catamarca) o para el 8 de diciembre, día de la Virgen, en Fuerte Quemado (Catamarca). La gente abandona su rutina diaria, asiste a Misa, participa de procesiones organizadas y luego acude a la feria donde puede adquirir comidas y bebidas regionales, artesanías, y cantar y bailar hasta el amanecer.
Por su parte, la veneración tributada a los santos populares es más individual que social. Es un culto de promesas, de visitas solitarias al santuario o cementerio donde se encuentra enterrado. En general no presentan demostraciones colectivas organizadas aunque existen días de mayor concurrencia como la fecha de nacimiento o muerte del santo y el Día de Difuntos, y se observa una mayor necesidad de dejar testimonio escrito de los favores recibidos a través de placas de agradecimiento.
Otra diferencia importante es que los Santos oficiales son gente que vivió distante en tiempo y espacio, con costumbres y creencias completamente distintas a quienes ahora los veneran y que rara vez conocen quiénes fueron realmente. Ni su vida ni sus obras ni las circunstancias de su muerte Un ejemplo de esto es que algunos fueron recreados, a veces sólo por sus imágenes y se los designó patrones y protectores sobre determinados elementos. Así en algunos lugares del Noroeste argentino San Antonio, de las llamas y San Ramón, de los burros.
En cambio, las personas canonizadas por el pueblo vivieron dentro de su marco geográfico, descienden de alguna familia del lugar, tuvieron sus mismos problemas, necesidades y angustias; eran como el hombre común pero diferenciándose por una aureola de santidad adquirida por el sufrimiento de una muerte violenta, por una vida sacrificada o por ser una víctima inocente.
Un aspecto importante para resaltar es que, para el creyente, no hay contradicción entre creer en un santo popular y continuar siendo un cristiano practicante. Se puede asistir a Misa, bautizar a sus hijos, confesarse, comulgar y honran a sus santos no oficiales junto a las imágenes de Cristo, la Virgen y los santos de la Iglesia.

Pide lo que "necesites concretamente", realmente es muy milagroso..."San Expedito te amo y te necesito, estás en mi corazón, bendíceme y bendice a mi familia, mi hogar, mis amigos y enemigos (porque de ellos también aprendí), resguarda mis bienes espirituales, mis sueños y proyectos, sé mi abogado y ejerce tu sabiduría para defenderme de los problemas económicos/financieros/laborales que padezco. Protégeme de los males que me acechan y aleja de mí a aquellos que solo desean mi perdición... Hoy te pido me concedas la gracia de (decir el pedido) y me comprometo a difundir tu nombre y tu capacidad de escucha; en nombre de Jesús... Amen." Pasa este mensaje. No lo ignores y que DIOS a través de San Expedito te bendiga Pide lo que "necesites concretamente", realmente es muy milagroso... gracias san expedito amen.
BENEFICIOS Y BENDICIONES

BENEFICIOS DEL ROSARIO1. Nos eleva gradualmente al perfecto conocimiento de Jesucristo. 2. Purifica nuestras almas del pecado. 3. Nos permite vencer a nuestros enemigos 4. Nos facilita la práctica de las virtudes 5. Nos abrasa en amor de Jesucristo. 6. Nos consigue de Dios toda clase de gracias. 7. Nos proporciona con qué pagar todas nuestras deudas con Dios y con los hombres.
BENDICIONES DEL ROSARIO 1. Los pecadores obtienen el perdón. 2. Las almas sedientas se sacian. 3. Los que están atados ven sus lazos desechos. 4. Los que lloran hallan alegría. 5. Los que son tentados hallan tranquilidad 6. Los pobres son socorridos. 7. Los religiosos son reformados. 8. Los ignorantes son instruídos. 9. Los vivos triunfan sobre la vanidad. 10. Los muertos alcanzan la misericordia por vía de sufragios.
COMO REZAR EL ROSARIO

Para recitar el Rosario con verdadero provecho se debe estar en estado de gracia o por lo menos tener la firme resolución de renunciar al pecado mortal. 1.Mientras se sostiene el Crucifijo hacer la Señal de la Cruz y luego recitar el Credo. 2. En la primera cuenta grande recitar un Padre Nuestro. 3.En cada una de las tres siguientes cuentas pequeñas recitar un Ave María. 4.Recitar un Gloria antes de la siguiente cuenta grande. 5.Anunciar el primer Misterio del Rosario de ese día y recitar un Padre Nuestro en la siguiente cuenta grande. Los Misterios Gozosos son meditados los lunes y sabados, los domingos de Adviento y domingos después de la Epifanía hasta la Cuaresma. Los misterios Dolorosos son meditados los martes y viernes, y los domingos en Cuaresma. Los misterios Gloriosos son meditados los miércoles y domingos. Los misterios Luminosos son meditados los jueves. 6. En cada una de las diez siguientes cuentas pequeñas (una decada) recitar un Ave María mientras se reflexiona en el misterio 7.Recitar un Gloria luego de las diez Ave Marías. También se puede rezar la oración de Fátima. 8.Cada una de las siguientes décadas is recitada de la misma manera: anunciando el correspondiente misterio, recitando un Padre Nuestro, diez Ave Marías y un Gloria mientras se medita en el misterio. 9.Cuando se ha concluído el quinto misterio el Rosario suele terminarse con el rezo del Salve Reina.
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